Un partido caótico que hizo retroceder a todos al punto de partida. La única certeza que surgió de un encuentro de baja calidad y, de la nada, con un drama casi inverosímil, fue que solo un ingenuo apostaría por el Tottenham o el Manchester United en este momento. Las humillaciones de la temporada pasada pueden haber quedado algo lejanas, pero sigue siendo una incógnita lo que cualquiera de estos equipos irregulares y nerviosos ofrecerá en una ocasión determinada.
Un final explosivo no puede ocultar los defectos del Tottenham y del Manchester United.
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Por un instante, pareció que habían conspirado para regalarle al Tottenham su primera victoria liguera en casa desde la jornada inaugural. Aquello habría sido un enigma, dado que no avanzaban hasta que Mathys Tel, que llevaba apenas cinco minutos en el campo, ofreció un destello de precisión que apenas habían insinuado. Cuando Richarlison cabeceó el disparo de Wilson Odobert al inicio del tiempo añadido, se sintió como un posible despegue: Thomas Frank, tan abatido en la derrota contra el Chelsea la semana pasada, debió de presentirlo, pues un estadio mayoritariamente sombrío estalló de júbilo a su alrededor.
Ojalá fuera tan sencillo. A un minuto del final del tiempo añadido, Bruno Fernandes sacó un último córner desde la izquierda. El balón describió una parábola que superó a un Senne Lammens desesperado por replegarse, a la defensa del Tottenham bien afianzada y a la mayor parte de la plantilla del United; hasta que Matthijs de Ligt, desmarcándose en el segundo palo, remató de cabeza con firmeza y aseguró que el United pudiera seguir mostrando una alentadora mejoría en su juego.
Estuvieron a punto de echarlo todo a perder, decayendo notablemente en la última media hora. Sus tendencias a la reincidencia aún persisten, aunque no son tan propensos al desastre como en los inicios de la era de Ruben Amorim. Sus suplentes no lograron ofrecer la energía ni la cohesión que los reemplazos de Frank, algunos de los cuales fueron abucheados por la afición local, finalmente consiguieron, y aún les queda mucho camino por recorrer para ofrecer un rendimiento regular durante los 90 minutos. La admisión posterior de Amorim de que el United bajó el ritmo por sentirse demasiado cómodo resultó bastante reveladora.