El abogado Gregorio Dalbón, representante de Cristina Fernández de Kirchner, protagonizó un extenso y tenso intercambio con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia (Net TV y Radio Perfil). En más de una hora de conversación, el letrado desplegó un diagnóstico demoledor sobre el sistema judicial argentino, defendió a su clienta en la causa Cuadernos, cuestionó la figura del arrepentido y apuntó contra lo que define como “judicialización de la política” y “extorsión” en investigaciones de alto impacto público.
Dalbón sostiene que el Poder Judicial “carece de credibilidad social”: “El 80% de la sociedad no cree en los jueces. Tenemos la institución, pero no a las personas que la dignifiquen”. Y propone un cambio de raíz: que jueces y fiscales rindan examen periódico ante la sociedad, con mandatos limitados o renovables, en lugar de carreras que, en la práctica, se vuelven vitalicias.
Elección y permanencia de jueces: el espejo latinoamericano y EE.UU.
El abogado celebró sistemas donde la ciudadanía interviene más: mencionó que en Bolivia hubo elección popular de magistrados superiores (aunque con vaivenes políticos) y resaltó que en Estados Unidos los fiscales locales son electivos y deben someterse a evaluación ciudadana para su reelección. Para Dalbón, “es más democrático involucrar a la sociedad” también en la cúspide judicial.
Fontevecchia contrapuso el principio de intertemporalidad republicana: mandatos diferenciados, nombramientos escalonados y control cruzado entre poderes para evitar la concentración coyuntural. El conductor defendió que la “duración disímil” de cargos tiende a distribuir el poder y le recordó a Dalbón que incluso en EE.UU. los jueces de la Corte Suprema tienen, de hecho, permanencia prolongada.
Dalbón insistió: la perpetuidad fomenta inercias y zonas grises. Pidió límites temporales y rendición de cuentas. Y acusó al sistema argentino de funcionar por “venias políticas” y “ternas digitadas”, con magistrados que se “acomodan como camaleones” según el signo del Ejecutivo.
Cuadernos y la ética del arrepentido: extorsión, presiones y “forum shopping”
El punto más álgido llegó con la causa Cuadernos. Dalbón cuestionó la veracidad del relato base y denunció el uso del arrepentido con “extorsión y tortura”: “A empresarios los mandaban un viernes a la alcaidía para ‘ablandarlos’ hasta el lunes”. En esa línea, sostuvo que muchos habrían dicho “lo que fuera” para recuperar la libertad y que no existen pruebas sólidas contra Cristina Kirchner, solo “indicios” y “sana crítica”.
También denunció forum shopping: recordó que el periodista Diego Cabot acercó el material directamente al fiscal Carlos Stornelli, según su descripción, en lugar de pasar por sorteos neutrales, y vinculó el derrotero con el juzgado de Claudio Bonadio. Para Dalbón, ese engranaje instaló una “novela” en prime time con 87 imputados, sin sustento probatorio contundente.
Fontevecchia concedió que la herramienta del arrepentido puede ser problemática, pero rescató su eficacia comparada (casos como Lava Jato) para romper pactos de silencio, recuperar fondos y probar entramados complejos de corrupción. A la vez, marcó los excesos del juez Sergio Moro en Brasil cuando la figura se usó sesgadamente y contaminó procesos, recordando la posterior deslegitimación de fallos clave.
Justicia, poder y coyuntura: ¿defección estratégica o equilibrismo institucional?
El conductor introdujo una hipótesis incómoda: muchos jueces practican una “defección estratégica”. Cuando el poder político es fuerte, moderan el ímpetu; cuando ese poder declina, las causas avanzan. Para Fontevecchia, ese comportamiento aparece en distintos sistemas y épocas, y responde a incentivos humanos, miedos y ambiciones personales, más que a alineamientos ideológicos puros.
Dalbón coincidió en parte, pero lo amplió: “Nadie es impoluto; hay placares con esqueletos. Servicios de inteligencia, carpetazos, fotos en embajadas: así se disciplinan jueces”. Señaló presunta injerencia externa y recordó imágenes de magistrados en eventos diplomáticos como signo de alineamientos inconvenientes.
Milei, la separación de poderes y el “boomerang” de los DNU
El cruce derivó a la política contemporánea. Dalbón cuestionó la separación de poderes bajo Javier Milei, citando declaraciones del Presidente sobre causas judiciales contra Cristina. Fontevecchia defendió que la división sigue vigente, aunque con tensiones conocidas.
En paralelo, se discutió la reglamentación de DNU durante el kirchnerismo y su uso por administraciones posteriores: las reglas atadas al gobierno de turno pueden convertirse en boomerangs institucionales. Ambos coincidieron en que las constituciones no deben rehacerse al ritmo de cada gestión, sino sostener bases estables que resistan la coyuntura.
¿Qué cambiar y cómo? Exámenes, límites y participación ciudadana
Como síntesis de propuestas, Dalbón abogó por:
- Mandatos limitados o renovaciones periódicas para magistrados superiores.
- Exámenes o auditorías públicas de desempeño cada cierto tiempo.
- Transparencia en concursos y sorteos, sin atajos ni forum shopping.
- Reglas claras para el arrepentido, sin ámbitos de presión que contaminen la prueba.
Fontevecchia subrayó la necesidad de equilibrar: los diseños institucionales buscan que convivan generaciones, sensibilidades y tiempos políticos distintos, y recordó que los problemas de probidad y oportunismo no son exclusivos del Poder Judicial: atraviesan a todas las profesiones y poderes del Estado.