Tragedia en Laos: padre e hijo estadounidenses mueren tras ataque de avispas gigantes

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Un turista estadounidense y su hijo adolescente murieron en Laos luego de ser atacados por un enjambre de avispas gigantes asiáticas mientras realizaban una actividad de tirolesa en una zona de ecoaventura cercana a Luang Prabang.

Las víctimas fueron identificadas como Daniel Owen, de 47 años, maestro y director de la escuela QSI International en Haiphong (Vietnam), y su hijo Cooper, de 15 años. Ambos se encontraban de vacaciones cuando fueron rodeados por cientos de avispas mientras descendían de un árbol, según fuentes diplomáticas consultadas.

El médico Phanomsay Phakan, quien atendió a las víctimas en la clínica Phakan Arocavet, señaló que ambos estaban “cubiertos de manchas rojas” y que recibieron más de cien picaduras. Aunque llegaron conscientes y sin signos de shock anafiláctico, fallecieron horas después en el hospital provincial.

Owen tenía una larga trayectoria en el sistema educativo internacional, donde trabajó durante 18 años en distintas sedes de QSI. La organización expresó su profundo pesar:

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“Dan marcó vidas con su generosidad y su manera de enseñar. Su pérdida y la de su hijo dejan un dolor inmenso en nuestra comunidad.”

Exalumnos y colegas compartieron mensajes de despedida, recordándolo como un director cercano, solidario y profundamente dedicado.

El Green Jungle Park, donde ocurrió el ataque, comunicó que revisará todos sus protocolos de seguridad.

La avispa gigante asiática: una especie peligrosa

La Vespa mandarinia, conocida como avispa gigante asiática o popularmente como avispa asesina, es la mayor especie de avispas del mundo. Su aguijón puede medir más de 6 mm e inyecta un veneno particularmente tóxico, responsable de decenas de muertes cada año en Asia y otras regiones donde se ha expandido.

En los últimos años se han reportado incidentes fatales en Europa. En España, recientemente tres personas murieron tras ataques accidentales.

En Estados Unidos, la especie fue declarada erradicada en 2023, luego de cinco años de monitoreo en el estado de Washington.

Expertos advierten que el peligro depende de la cantidad de picaduras y la reacción del organismo, no existiendo un umbral fijo que determine el riesgo.

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