El presidente Donald Trump apuntó públicamente contra las principales empacadoras de carne que operan en Estados Unidos, especialmente aquellas de propiedad extranjera, acusándolas de inflar artificialmente los precios de la carne de res. El mandatario afirmó que la situación afecta tanto a los consumidores como a los rancheros locales y pidió al Departamento de Justicia que abra una investigación formal.
El anuncio se realizó en redes sociales, en un contexto político sensible: días después de que el Partido Republicano sufriera derrotas en varias elecciones estatales, donde el costo de vida y la inflación fueron temas centrales para los votantes.
“He pedido al Departamento de Justicia que inicie de inmediato una investigación sobre las empresas empacadoras de carne que están haciendo subir el precio de la carne de res a través de colusión ilícita, fijación de precios y manipulación”, escribió Trump.
Trump sostuvo que los rancheros estadounidenses están siendo responsabilizados injustamente, cuando el problema —según él— proviene de compañías mayoritariamente extranjeras que controlan buena parte del mercado. No presentó pruebas para respaldar sus acusaciones, pero sus declaraciones reactivaron un debate político y económico que lleva años en la industria alimentaria.
Una industria altamente concentrada y con tensiones previas
La cadena cárnica estadounidense se encuentra altamente concentrada: cuatro grandes empacadoras dominan la mayoría del mercado. Entre ellas se encuentra JBS, una de las mayores productoras a nivel global, con sede central en Brasil.
Esa concentración ha sido cuestionada durante años tanto por agricultores como por legisladores de ambos partidos, que advierten que el dominio de pocos actores facilita la fijación de precios y presiona a los productores más pequeños.
A esto se suman factores económicos recientes:
- La sequía redujo los rebaños y encareció la producción.
- Años de precios bajos llevaron a una caída histórica en el número de reses.
- Los aranceles aplicados por Trump a Brasil redujeron las importaciones, disminuyendo la oferta.
Todo esto contribuyó a que los precios de la carne de res alcanzaran niveles récord.
Respuesta política y repercusiones
Trump afirmó que su intención es proteger tanto a los consumidores como a los rancheros:
“Se deben tomar medidas de inmediato para proteger a los consumidores, combatir los monopolios ilegales y garantizar que estas compañías no se beneficien criminalmente a expensas del pueblo estadounidense”.
Su postura no es nueva dentro del debate político. La administración de Joe Biden había impulsado medidas para fomentar la competencia dentro de la cadena de suministro de carne, reuniéndose con productores independientes para discutir alternativas que estabilizaran precios.
Por su parte, Kamala Harris también había prometido restringir las prácticas especulativas de las grandes productoras durante su campaña.
Por otro lado, Trump había sugerido recientemente la opción de importar carne de res argentina para abaratar costos internos, una propuesta que generó fuerte rechazo entre rancheros estadounidenses, quienes argumentaron que tal medida perjudicaría a la industria local.
El llamado a una investigación podría reactivar disputas legales y políticas dentro de un sector clave para la economía estadounidense, que se encuentra en el centro del debate sobre inflación, suministro alimentario y control corporativo.